El legado de Nicolás Acea


busto-nicolas-aceaJusto a las doce del día vemos la imagen más recurrente de los alrededores del parque Martí: un grupo de estudiantes vestidos con el uniforme de secundaria desciende las escaleras de su escuela, y en un tropel acelerado parten hacia sus casas o a reunirse en cualquier sitio específico del parque. Otros, en tanto, se congregan frente al pórtico del mismo edificio y esperan el timbre que anuncia el comienzo de la sección vespertina.

Pasarán uno, dos, tres años; los actores de este episodio cambiarán, pero el decurso del tiempo no transformará la historia, porque aún cuando la sordidez de la edad adulta borre el recuerdo adolescente de cualquiera de estos jóvenes, el edificio de la Escuela Secundaria Básica Urbana “5 de Septiembre” seguirá abriendo las puertas a nuevos protagonistas de una misma escena.

Por decenas se cuenta ya las generaciones que han crecido entre aulas y pasillos de esta emblemática institución. Y digo emblemática con total responsabilidad, puesto que en el credo de la que un día fue mi escuela, convergen la majestuosidad de su composición arquitectónica, el valor utilitario para el pueblo de la Perla del Sur y un protagonismo irrelegable en la historia local.

Todavía los supersticiosos piensan que Nicolás Acea -quien fuera a mediados del siglo XIX el propietario de los terrenos donde hoy se enclava el edificio- tuvo el don de vislumbrar la trascendencia de su última voluntad. Pues una compulsión por servir al pueblo cienfueguero lo motivó a redactar, en los preludios de su muerte, el testamento mediante el cual donaba 300 000 pesos para la construcción de un colegio destinado a la educación de niñas y niños pobres. Esa sería la idea embrionaria de la actual Secundaria Básica 5 de septiembre.

Fue así que tras el deceso de Don Nicolás, en enero de 1904, la consumación de su propósito quedaría pendiente, como un débito de los cienfuegueros con el benefactor. Pero no fue hasta 1926 que el ingeniero Jorge Lafuente diseñó el proyecto definitivo, cuya primera concreción llegó tres años más tarde con la apertura del Hogar Santo Tomás, donde 54 niñas iniciaban estudios de cocina y costura.

Para completar el pagaré del pueblo de Cienfuegos con Nicolás Acea, hacia diciembre de 1932 quedaría inaugurada también la escuela de Arte y Oficios San Lorenzo, un colegio con capacidad para 40 varones, prominente por el frontón triangular que remata el pórtico de su entrada principal de la céntrica avenida San Carlos.

Ambas instituciones radicaban en el mismo edificio que actualmente ocupa la Secundaria 5 de septiembre y sus nombres evocaban la memoria del primogénito de Don Nicolás, Tomás Lorenzo, quien falleció en plena adolescencia fuera de Cuba, debido a su endeble estado de salud.

Con el paso de los años, el Colegio San Lorenzo – como muchos lo llaman – parece un centinela escoltado por dos joyas de la arquitectura cienfueguera. Pero la altivez de su vecina iglesia católica o la elegancia del también contiguo teatro Terry, no restan belleza a su eclecticismo, a esa mixtura arquitectónica en la cual se conjugan las formas clásicas con elementos identitarios de la historia local y donde cada detalle parece dispuesto armónicamente entorno al patio central de extensas galerías.

En las paredes de esas mismas galerías corrio la sangre de los mejores hijos de Cienfuegos, cuando en la tarde del quinto día de septiembre de 1957 el edificio abrió sus puertas a los marinos y civiles sublevados contra el gobierno de Fulgencio Batista y sirvió así como último reducto de los revolucionarios. Dicen que allí, el insurgente capitán Dimas Martínez Padilla, ante la inminencia de la derrota expresó: “mis muchachos y yo moriremos peleando”, y en efecto, esas palabras serían refrendadas después por la muerte de quienes legitimaron el simbolismo del colegio San Lorenzo.

Ahora es nuevamente escuela, y por los mismos pasillos que hace más de 50 años fueron el escenario de combates frontales ahora solo se advierte el trasiego de estudiantes y profesores, herederos del legado de Nicolás Acea.

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Acerca de Sabdiel Batista Díaz

Licenciado en Periodismo, UCLV, 2007. Máster en Historia y Antropología, UCF, 2014.

Publicado el abril 28, 2009 en Generales y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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