¿El coronel no tiene quien lo cuide?


Todavía no culminaban los restauradores sus quehaceres, cuando el coronel Campillo sufrió nuevas y penosas heridas de guerra: “Es evidente que no fue casual”, aprecia Víctor H. Díaz. “El busto tiene golpes en diferentes lugares del rostro, producto de varias agresiones. Estuvimos trabajando en él unos cuatro meses”, se lamenta, en tanto, Hilda Dorado. “Y todavía la labor no había concluido.”

“Esta restauración forma parte también de la educación cívica de la sociedad, e implica el respeto a la obra restaurada y a individuos que día a día, bajo condiciones a veces difíciles, se dedican a recuperar aquellos monumentos que de una u otra forma son imprescindibles para la memoria histórica de Cienfuegos”, declara el MsC. David Soler, subdirector provincial de Patrimonio Cultural.

Así es. Juan José López del Campillo y D’Wolf nació en Cienfuegos el 22 de abril de 1872. A los 23 años, en 1895, se trasladó a Oriente para incorporarse a la gesta necesaria. Fue herido en combate, formó parte de la tropa invasora de Antonio Maceo, y alcanzó el grado de coronel. Terminada la guerra, regresó a esta ciudad, donde ocupó diferentes cargos. Murió en el 23 de marzo de 1910.

Años más tarde, una comisión Pro-Parque Campillo encargó al artista Mateo Torriente Bécquer la ejecución del busto del coronel mambí, esculpido en piedra caliza y develado, en coincidencia con el aniversario fundacional de la urbe, el 22 de abril de 1949; según consigna la tarja, como ofrenda de sus compañeros de armas.

“Campillo es una de las piezas del período de emplazamiento de bustos, o sea, el llamado período clásico, de Mateo Torriente”, explica Víctor H. Díaz, a cargo de la restauración de la obra en yeso del palmireño, atesorada en el Museo Provincial de Cienfuegos. “No pertenece al período de emplazamiento en salas, sino en escuelas, plazas, parques, paseos; y viene siendo una de las primeras piezas, por el tratamiento más bien pobre, cerrado, con menos vuelo y movimiento, precisamente por el lugar que ocuparía, y en virtud del material con que está hecha, para cuidarla de la erosión del tiempo.”

“Lo encontramos en un estado de abandono total”, cuenta Hilda: “con manchas, ennegrecimiento; aquí hay mucha polución, también por la acción del mar, las sales; y sobre todo por la acción del hombre (aquí juegan pelota). Tenía muchos faltantes en el rostro. La restauración anterior se había hecho a base de cemento, como si fuera un Mateo para exponer en salón. Y tuvimos que levantar todo ese material…”

“Entonces concebimos una fórmula que se acercara a la caliza -continúa Víctor Hendrik-; y nos remitimos a fotos de la pieza de Mateo, para rescatar los rasgos generales, y para los más particulares, como ojos, nariz, boca, a falta de información visual cercana, consultamos una foto del coronel en vida.”

“Por eso es que la comunidad debe conocer la importancia de esa restauración, cuidarla y preservarla”, sostiene David Soler. “La restauración actualmente no solo es responsabilidad de Patrimonio, sino también de aquellos implicados y actores sociales, imprescindibles para rehabilitar un entorno por el bien de la comunidad y para el disfrute de la población.”

En efecto: a tono con las concepciones urbanísticas del pasado siglo, para proporcionar bienestar moral y físico a los ciudadanos, y con el valor patriótico añadido de preservar la memoria histórica de quien fuera genuino representante de la juventud revolucionaria de su tiempo, el Centro de Veteranos de Cienfuegos soñó para Campillo un parque en la zona de Punta Gorda (Ave. 16, e/ 43 y 45), en terreno cedido por su propietaria a la municipalidad.

Pero del homenaje no trascendió sino aquella primera acción concreta, o sea, el emplazamiento del busto. Sesenta y dos años después, lo que sería el Parque Coronel Campillo no se preserva hoy como espacio para el descanso y el intercambio social; es un área de circulación peatonal, aprovechada para el pastoreo y la práctica de deportes informales.

“Es importante para el pueblo de Cienfuegos, y en particular para quienes viven en la zona, que se atienda y respete el monumento”, opina Víctor Hendrik. “Y que, además, Servicios Comunales, propietario del área, asuma su responsabilidad con el parque que se debe construir en este lugar, diseñado hace ya bastante tiempo.”

“Así se evitaría -concluye David- toda la situación que hay aquí de desperdicios públicos, de maltrato al medio ambiente, de agresión al monumento restaurado. Porque la conservación del patrimonio no es solamente la restauración; también es su protección contra actos delictivos, contra conductas sociales incorrectas. Es, en fin, el beneficio que reporta a las escuelas y las organizaciones de masas el trabajo de protección al monumento. Si logramos eso, entonces nuestra política andará por mejores caminos.” (Yansulier García Álvarez)

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Acerca de Sabdiel Batista Díaz

Licenciado en Periodismo, UCLV, 2007. Máster en Historia y Antropología, UCF, 2014.

Publicado el abril 13, 2011 en Parques y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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