La tradición pospuesta no envejece, se salva

La tradición pospuesta no envejece, se salva


El acto de fundar constituye una visión de valientes y atrevidos hombres, los cuales unen sus vínculos culturales, ideas y memorias, para perpetuar el futuro. Don Luis Juan Lorenzo De Clouet construyó su sueño gracias a importantes amigos y a su fuerte temperamento. Ellos juntos lograron el encuentro de la luz, bajo una inmensa majagua.

Su nombre nos une día a día, eternizando memorias y recuerdos, hacia nuestra identidad y la ciudad que nos acoge. Por eso, todos los años nos reunimos cada 22 de abril cerca del acta fundacional y de la roseta, sitios que marcan el lugar exacto de la inmensa majagua —inicio de todo—, azimut perpetuo que trazó la urbe, derrotero de grandes retos e inmensos privilegios.

Este 2020 lo dedicaremos a celebrar el 201 cumpleaños de la fundación de la Colonia Fernandina de Jagua, en la otrora Plaza Ramírez, hoy Parque José Martí. Sonoras y valientes estrofas del Himno Nacional y Local iniciarán la jornada, pero estas no serán entonadas por los presentes reunidos en aquel mágico lugar, quienes de manera clara y fluida las harán parte de sí —sus bellas e lustradas letras—, desde los variados espacios del interior de sus casas.

Los artistas del Centro Dramático de Cienfuegos representarían el acto fundacional —como de costumbre— para evocar aquel instante fugitivo, mas un impedimento mundial, nos destroza y pospone la escenificación de la tradición, nacida en reuniones de programación efectuadas en el sectorial de Cultura Municipal, durante el intenso año de 1990, al valorar la presencia de dichos y experimentados actores, después de visualizar una dramatización, escenificada por niños en aquel entonces.

Tan ardua, difícil y comprometedora tarea, le fue encomendada a Generoso González Rodriguez, teatrista con casi 56 años de experiencia, quien luego de estudiar los clásicos de nuestra literatura histórica  —Diccionario Biográfico cienfueguero, de Luis Bustamante; Memoria Descriptiva, Histórica y Biográfica de Cienfuegos 1819-1919, de Pablo L. Rousseau  y Pablo Díaz de Villegas; entre otros— creó un guion, para juntos, hacer renacer el primigenio acto.

Una vez haber reconstruido y logrado a través de líneas- —no alejadas de alguna licencia cultural— nuestros primeros momentos, son confiados a artistas imprescindibles como Virgilio Reguera, Julio Antonio Marín, Cecilio Valdés, Severino Lafont y  Manuel Puerto, quienes personalizan el papel y el carácter del Teniente Coronel de los Reales Ejércitos, Don Luis De Clouet, inmenso hombre que aceptó como pocos la difícil y arriesgada empresa, amparado en la política de inmigración blanca.

Sus intensas palabras, apoyadas en vestuarios de la época de fuerte color azulo siena, impregnado en sus ropas, no siempre justiprecian cuánta connotación guarda este hecho; pero la tiene, pues les permite a las nuevas generaciones apreciar las costumbres y tradiciones —lexicales, de vestuario, conductas, educación formal, altivez, donaire, comedimiento y limpieza— de nuestros ancestros, a través de esta suerte de espejo real que reproduce casi al detalle aquella imagen fundacional.

Lo anterior hace propicia la ocasión para llegar casi al éxtasis, el momento de la entrega del Premio Jagua, reconocimiento otorgado con carácter anual por la Dirección Provincial de Cultural a lo más valioso de la ciudad, mediante dos modalidades o categorías reflejadas en personalidades e instituciones, apartados que han tenido en su largo peregrinar a premiados de renombre.

Si pudiéramos decidir en la Categoría de Institución este año, las palmas y los aplausos serían para nuestros médicos, pues el Ministerio de Salud Pública, junto a otros organismos, hace lo imposible para que nuestra ciudad y Cuba toda, pueda más temprano que tarde, olvidar la pandemia que nos azota.

Otorgar la condición de Hijo Ilustre de Cienfuegos, sería por aclamación para el pueblo de Cienfuegos, pues todos, hasta este momento, hemos sido héroes anónimos de nuestro propio destino: Salvarnos—con disciplina—para posponer ligeramente nuestros sueños.

La misma Plaza Ramírez de antaño, hasta el Parque José Martí como se nombra ahora, en muchos e irrepetibles aniversarios, estará ausente de los cienfuegueros rellollos, la sonrisa de nuestros niños, o la emoción del homenajeado, pues debemos permanecer casi todos en el interior de nuestras casas. Solo las palomas simbolizando la paz, colmaran sus espacios durante la jornada conmemorativa del 22 de abril, muy lejos de tocar con las manos la historia viva.

Sus manos deben estar limpias, como sus propios corazones; un virus peligroso nos hizo posponer la coronación de tan inolvidable momento, su nombre Coronavirus, estará en nuestras mentes durante muchos años, después que con mucho esfuerzo, diestras manos forradas de blanco o azul, con batas blancas o verdes, de uniforme azul, o con la escoba en la mano, lo podamos vencer y decir a todo pulmón: ¡Ser cubano es un orgullo pero ser cienfueguero un inenarrable privilegio!

Por:  Adrián Millán del Valle / 5 de Septiembre Digital

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